Desarrollo

a) Algunas consideraciones

La zona sur del istmo oaxaqueño, debido a su situación geográfica estratégica, se ha visto envuelta en distintas pugnas con sectores económicos y políticos de la mayor trascendencia.
En esa región predominan los habitantes de origen zapoteca autodenominados binnizá[1] o gente de las nubes. Forman una población mayor a los 150 000 habitantes agrupados en más de diez municipios. Existen además otros cuatro grupos étnicos que son: huaves, zoques, chontales y mixes, que no juegan un papel tan preponderante en la región como los primeros.
Los zapotecas conservan una memoria histórica envidiable, significando para ellos algo de vital importancia el transmitirla a futuras generaciones. En la evocación colectiva encuentran la justificación de lo que son, y ejemplo de vida para seguir siendo. La forma oral es uno de los medios de comunicar los sucesos acontecidos, pero existe también la palabra fija, esa que encontramos en los libros y que ellos muy bien han plasmado ante la necesidad de buscar nuevos medios que hagan perdurar su pasado.
Algo que llamó nuestra atención fue el hecho de que, algunos asentamientos que antiguamente hablaban el zapoteco o diidxazá[2] y compartían la cultura y conciencia étnica zapoteca, en la actualidad no lo hagan. Lo más extraño es que sean poblaciones bien comunicadas, con un grado relativamente alto de escolaridad, parecida situación socioeconómica, y en unos casos, divididas por muy poca distancia.
Los municipios a estudiar en este trabajo son tres: Juchitán de Zaragoza, Santo Domingo Tehuantepec y San Blas Atempa., los dos primeros con más de 50 000 habitantes y con la categoría de ciudad; y el tercero con más de 15 000 habitantes y con la de villa[3].
En Juchitán y San Blas encontramos una población mayoritariamente hablante del zapoteco y poseedora de la conciencia étnica e histórica binnizá, cosa que no hallamos en Tehuantepec. Atribuimos esta situación a los acontecimientos que durante el siglo XIX tuvieron lugar en la región y en el país.
Durante esta intervención haremos mención de algunos sucesos que consideramos como trascendentales para los cambios político-culturales que se derivaron.

b) Inician las rebeliones
En 1834 una revuelta comienza en Juchitán, encabezada por José Gregorio Meléndez, recordado entre los binnizá como Ché Gorio Melendre[4]. Las causas del levantamiento fueron de índole reivindicativo, en respuesta probablemente a la disposición del gobierno del estado de centralizar las rentas de las salinas costeras . La lucha no duró mucho.
Uno de los grupos de apoyo a la rebelión estuvo en el entonces barrio de Tehuantepec, San Blas Atempa. Los demás sectores de aquella ciudad, se mostraron indiferentes a la sublevación, debido en buena medida a la importancia del lugar por ser cabecera departamental y cede del obispado. 
En 1847, en plena invasión norteamericana, los conservadores de la ciudad de Oaxaca conocidos como los “polkos” se hicieron del poder en la capital del estado[5]. Juchitecos y san blaseños, liderados nuevamente por Meléndez, tomaron el control político y militar de la región del istmo, quienes vieron en la huída de las autoridades estatales una oportunidad para lograr la autonomía regional. 
Una vez derrotados los “polkos”, el licenciado Benito Juárez García entra a escena apropiándose del cargo de gobernador estatal; acto seguido, destituye a Meléndez como gobernador del departamento de Tehuantepec, y lo baja a Comandante de la Guardia Nacional en la región; Juárez además le reconoce a dos extranjeros, que sin documentación alguna se decían dueños, la propiedad de unas haciendas que legítimamente le pertenecían a los zapotecas, quienes a raíz de estas resoluciones estuvieron a la defensiva.
Ante la actitud hostil del gobierno, los juchitecos se situaron en territorio de sus aliados de San Blas Atempa, provocando la huída del representante de Juárez, a la ciudad de Oaxaca.
Los zapotecos se gobernaron así mismos por más de dos años, actuando siempre con cautela debido a las constantes maniobras por someterlos, departe de las autoridades estatales. 
Una vez asegurado en el poder, el gobernador envía tropas para impedir que los zapotecos siguieran beneficiándose de las Haciendas Marquesanas, ya fuera sacando la sal para consumo y comercialización, o alimentando a su ganado. Tras esto, un nuevo levantamiento armado da comienzo.
El 19 de mayo de 1850 el pueblo de Juchitán es incendiado por tropas estatales enviadas por el gobernador del estado de Oaxaca Benito Juárez[6]. Pasado unos meses de la represión, se agregaba otra demanda de los alzados: la separación del departamento de Tehuantepec, respecto al estado de Oaxaca. 
Muchos fueron los pueblos que se sumaron a la lucha, entre los que volvió a destacar el barrio de San Blas Atempa. La diferencia sustancial radicó en que, en esta ocasión, Tehuantepec, no sólo no se mantuvo neutral, sino que empleó un destacamento de voluntarios para perseguir a los rebeldes; de este modo los zapotecos pelearon entre sí. 
La ciudad de Tehuantepec se halló dividida. Por una parte, el barrio de San Blas Atempa, alejado apenas unos metros del Palacio municipal, apoyaba a los juchitecos encabezados por Melendre; y por otra, las autoridades municipales tehuantepecanas desaprobaban y combatían la insurrección.
Muchas batallas se trabaron durante la sublevación, sin poder el gobierno central suprimir a los rebeldes por medio de la represión, ante lo cual, usó la diplomacia para calmar los ánimos. La amnistía se presentó, los hombres volvieron a sus comunidades y a la cosecha, pero la discordia entre pueblos hermanos se había implantado. Los san blaseños empezaron a distanciarse de los demás tehuanos,[7] y una rivalidad insalvable nació entre Tehuantepec y Juchitán, dos pueblosbinnizá.
Al exigir la separación del istmo, del estado de Oaxaca, los zapotecos eran movidos por un deseo de autonomía regional que significaría también, la étnica. En aquel entonces la idea de nación como hay la comprendemos, aún no se forjaba, y los indígenas velaban por sus reivindicaciones antes que todo. Un testigo alemán anotó sobre el líder rebelde lo siguiente.
“Traía enredado su sarape, exhalaba el humo de un cigarro de papel por la nariz y veía con inefable desprecio nuestro arribo, sus fundamentos tenían un sentimiento tan justo, que no vacilé en hacerle el juego, mediante una caricatura improvisada de Santa Anna, que le hizo reír con gran placer”[8]
Durante la rebelión de Ché Gorio Melendre, se manifestaron las divisiones políticas en la región. Los tehuanos encajaban en un proceso más a escala estatal que regional; los tecos[9] y blaseños en cambio se movían en uno que reivindicaba los territorios ancestrales y las formas autóctonas de regirse.
En 29 de mayo 1853, justo el día de la muerte de Melendre[10]el general Antonio López de Santa Anna firma el decreto que concede autonomía política al istmo de Tehuantepec y lo convierte en Territorio Federal por carecer del número de habitantes para erigirse en estado[11]. La región vivió cuatro años de autonomía política, durante los cuales, las tensiones se agravaron más, ya que el único gobernador que existió, el tehuantepecano Máximo Ramón Ortiz, ejerció el poder con mano dura, lo que motivo que muchas comunidades se aglutinaran en torno a Juchitán para luchar contra los atropellos cometidos. Entre los pueblos rebeldes no dejó de contarse San Blas Atempa.
Fueron años de violencia fraticida, que llevó al final, a la toma de Tehuantepec por soldados zapotecos, al mando del párroco juchiteco Miguel López,conocido como padre pistolas[12] muerto poco después en una refriega. Por más de un año, la ciudad estuvo en manos de los alzados; viajeros de la época mencionan que los soldados improvisados de Juchitán, causaban un aspecto desagradable debido a su atrevimiento de usar como cuartel el ex-convento dominico y por no mostrar el más mínimo respeto, para con las personas de alto nivel económico. Este conflicto ahondó más la división, ya de por sí frágil.
En 1857 se proclama la nueva Constitución federalista que reincorpora al estado de Oaxaca el territorio de Tehuantepec[13]. Poco después en la esfera nacional da inicio la guerra de reforma, que mancha de sangre gran parte del país. Los zapotecos del istmo se vieron envueltos otra vez en una pugna, que en esta ocasión dividió a tecos y tehuanos en liberales y conservadores. A su vez entró al terreno regional un personaje llamado Porfirio Díaz, quien ocupó la gubernatura del istmo de Tehuantepec, en manos todavía de soldados juchitecos y blaseños. 
La causa liberal estaba casi perdida, el ya presidente de la república, Benito Juárez, se encontraba en Veracruz, y a Díaz, sólo le correspondía conservar la región en manos liberales, contando para ello con los habitantes de Juchitán y San Blas, bajo influencia de otro sacerdote, Mauricio López. Ahora los guerrilleros eran los tehuanos que apoyaban al bando conservador y que pronto se vieron derrotados. En esos años pasó por Tehuantepec el investigador francés Charles Brasseur, quien dejó el testimonio siguiente:
“En Tehuantepec mismo, el prior del convento de Santo Domingo, fray Mauricio López, [...] es uno de los jefes más activos del partido liberal; quien, durante la época de mi estancia era, con el gobernador don Porfirio Díaz, el amo absoluto de la región y dirigía a los valientes Juchitecos que, una vez más en posesión de Tehuantepec, ocupaban todos los cargos de esta ciudad”[14]
El acontecimiento que mató toda tentativa de reconciliación entre los binnizá fue la intervención francesa, de nueva cuenta, suceso de trascendencia nacional.
Las autoridades tehuantepecanas (por no decir que gran parte de la población) dieron la bienvenida al invasor en el año de 1865, y en esto destacó Remigio Toledo, ex-combatiente en la guerra de reforma a favor de los conservadores y ahora soldado del imperio de Maximiliano. 
El 5 de septiembre de 1866[15], el ejercito francés y sus adeptos, entre ellos Remigio Toledo, son derrotados en el pueblo de Juchitán por soldados (hombres y mujeres) oriundos de la misma población, de San Blas Atempa, Ixtaltepec, Ranchu Gubiña (Hoy Unión Hidalgo), pueblos aledaños, y vecinos del estado de Chiapas, armados en su mayoría con machetes, hondas y palos. 
Los triunfos de Porfirio Díaz en la Carbonera y Miahuatlán fueron posteriores a esta gesta, y en buena parte, consecuencia de ella, es decir: fue después del 5 de septiembre cuando se logró recuperar la capital del estado.

c) El san blaseño no es tehuano

La intervención marcó la ruptura definitiva con Tehuantepec, de Juchitán y San Blas. Desde entonces a los oriundos de aquella ciudad se les quedó el mote de “tehuanos traidores” y el barrio de San Blas Atempa pidió ante el congreso del estado su erección en municipio libre, petición concedida el 19 de octubre de 1868[16], dos años después de la derrota de los invasores en el istmo.
De este modo, lo que había sido un barrio de Tehuantepec, quedó erigido en municipio, fundamentalmente por haber vivido la guerra en distinto frente.
Durante los años que siguieron, los blaseños, que dejaron de ser tehuanos voluntariamente, encontraron en su pasado rebelde y valiente, la base para un orgullo bien ganado, a pesar de su poca población, de que la gran mayoría sólo hablaba zapoteco y de que los dividía de los “tehuanos traidores” una calle, o una casa. 
Hoy en día, muchos blaseños se molestan cuando se les llama tehuanos y responden: “no somos tehuanos, somos san blaseños”. Y es que ya no sólo los divide una calle, sino que ahora los diferencia una lengua, una historia y una cultura. Al pasar de Tehuantepec a San Blas, no se transita exclusivamente de uno a otro municipio, sino de una forma de vida a otra, y todo esto como consecuencia de lo pretérito, es decir, de la historia.
Los hombres y mujeres de San Blas, son considerados en el istmo personas valientes e independientes al máximo. Se enorgullecen de ser zapotecas y de hablar su lengua, la que conservan casi intacta a pesar de que comparten el espacio geográfico con los tehuantepecanos; no se ven obligados a dejarla ante la necesidad de asistir a la capital del estado o de la república a concluir sus estudios, sino que adoptan la nueva sin dejar se manejar la propia. Por tener una conciencia étnica tan arraigada, es por lo que resisten a los llamados de cambio. 
Gran parte de los niños de San Blas Atempa acuden a las escuelas que se encuentran en Tehuantepec para lo que caminan una pocas cuadras. Entre ellos se comunican en diidxazá, y es impresionante verlos diferenciarse claramente de los tehuanos aduciendo que San Blas es zapoteco, mientras que Tehuantepec dejó de serlo.

d) Juchitán: centro político e intelectual binnizá
En Juchitán los años transcurrieron con nuevas rebeliones, ya fuera contra Porfirio Días o contra Benito Juárez Maza, hijo del benemérito; lo que demostró que no solo peleaban por un caudillo o causa ajena a ellos, sino que cada revuelta servía para ganar terreno. 
Durante la revolución, miles de juchitecos se enrolaron en las distintas facciones, ya fuera con Obregón, con Carranza o contra cualquiera de ellos[17]; los motivos fueron otros que no corresponde aclarar aquí. Menciono el hecho, porque en la posrevolución los zapotecos de Juchitán que alcanzaron grados elevados en el ejercito, tales como Enrique Liekens (miembro del estado mayor del general Obregón), Genaro López Miro y Jeremías López Chiñas, apoyaron económicamente a jóvenes que venían a la ciudad de México a estudiar[18]. Estos, fueron pioneros, junto con el San Blaseño Arcadio G. Molina[19], en la revaloración de su lengua y su cultura, ya no sólo en el campo de batalla, sino en trincheras académicas y literarias, surgiendo así, escritores como Andrés Henestrosa o Gabriel López Chiñas y haciendo publicaciones bilingües en la mismísima capital de la republica en pleno 1936. Esta transformación dio paso al nacimiento de una intelectualidad zapoteca que sigue en pie, renovándose generación tras generación y haciendo cada una su aportación para no olvidar nunca lo que son: binnizá
Entre los logros alcanzados, está el establecimiento en Juchitán, de la primera casa de la cultura del estado de Oaxaca, proyecto apoyado por la capa intelectual zapoteca entre los que destaca el pintor juchiteco Francisco Toledo; también están las publicaciones de innumerables libros en zapoteco, revistas bilingües, obras de teatro, etc. En 1981 esta ciudad se convirtió en el primer municipio del país gobernado por la izquierda[20].
Los políticos y estudiantes contemporáneos siguen reflejándose en el pasado de su pueblo, sabiendo que pocas veces coincide o aparece siquiera en la historiografía oficial, ya que como se dice: la historia la hacen los vencedores. 
Precisamente hoy libran una nueva batalla por no perder su lengua, que ante el avance de la globalización, se ve un tanto debilitada. 

Conclusiones

Con los sucesos del siglo XIX, Juchitán y San Blas justifican hoy su actitud orgullosa ante la lengua y la cultura. El conocimiento histórico reafirma su conciencia étnica, porque fue esa misma historia la que les demostró que se podían sortear todas las dificultades a base de voluntad y perseverancia. Su pasado rebelde, revitaliza la dignidad que poseen actualmente. Ese pasado les dice que no se tiene que dejar de ser binnizá para conseguir lo deseado, que casi siempre es justicia. 
Al verse envueltos en luchas internas, cada bando trató de parecerse menos al contrario. Así, Tehuantepec dejó de lado la lengua zapoteca que hablaban aquellos que no querían “progresar” y tomaron rápidamente el castellano como lengua de la “gente de razón”. Juchitecos y blaseños por el contrario revaloraron su idioma con el fin de diferenciarse del “traidor” que no había sido valiente frente el extranjero y para demostrar a su vez que con la cultura por delante se podía mejorar.
La postura política que en el siglo XIX cada comunidad asumió, tuvo consecuencias visibles, es decir, la historia como factor en el desarrollo cultural y la conciencia étnica fue determinante.

[1] Binni: Gente. Zá: Nube.[]
2 Diidxa: Palabra, idioma. Zá: Nube.[]
Conteo95 de población y vivienda, resultados definitivos, tabuladores básicos. Oaxaca, INEGI, Tomo I, 1995.
[4] Víctor de la Cruz, “Rebeliones indígenas en el istmo de Tehuantepec” en cuadernos políticos, n° 38, octubre-diciembre de 1983 pp. 56-71.
[5] Víctor de la Cruz, La rebelión de Che Gorio Melendre, México, H. Ayuntamiento Popular de Juchitán., 1983, p. 12.[]
6[ ]Ibidem p. 16.[]
7 Forma usual de decir tehuantepecano.[]
8 Von Tempsky, G. F., “Narraciones de incidentes y aventuras personales en Tehuantepec y Juchitán” en Guchachi Reza (iguana rajada), n° 8, septiembre de 1981, p. 15-16.[]
9 Abreviación de juchiteco usado principalmente en el istmo de Tehuantepec.[]
10 Gilberto Orozco, Tradiciones y leyendas del Istmo de Tehuantepec, México, Revista Musical Mexicana, 1946, p. 34 []
11 División territorial del Estado de Oaxaca de 1810 a 1995, INEGI, Tomo I, 1996, p. 29.[]
12 Este apodo se debió a que oficiaba misa con sus pistolas al cinto. Esto me lo relató Germán Luis Orozco en el año 2001.[]
13 División territorial del Estado de Oaxaca de 1810 a 1995, INEGI, Tomo I, 1996, p.35.[]
14 Charles Brasseur, Viaje por el istmo de Tehuantepec 1859-1860, México, Fondo de Cultura Económica, Colección de Lecturas Mexicanas, 1983, P. 147.[]
15 Para mejor referencia ver: Aurelio Martínez L., Historia de la intervención francesa, en el estado de Oaxaca, México, 1966.
16 División territorial del Estado de Oaxaca de 1810 a 1995, INEGI, Tomo I, 1996, p 76.[]
17 Para más información ver: Víctor de la cruz, El General Charis y la pacificación del México postrevolucionario, México, CIESAS, Ed. Casa Chata, 1993.
[18] Víctor de la Cruz, “Hermanos o ciudadanos: Dos lenguas, dos proyectos políticos en el Istmo” en Guchachi’ Reza (iguana rajada), n° 21, diciembre de 1984, pp. 18-24. 
[19] Ibid.[]
20 Adriana López Monjardin, “Juchitán, las historias de la discordia”, en cuadernos políticos n° 38, octubre-diciembre de 1983, pp. 72-80.

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Comentario de Ciriaco G el enero 20, 2014 a las 10:20pm

Gracias por la aportacion historica que tanta falta nos hace. Fray Mauricio Lopez Valencia fué oriundo de Cd. Ixtepec.

Comentario de Oscar Bartolo Ruiz el enero 21, 2014 a las 2:54am

Excelente aportaion Jovas, te felicito, muy bien resumido, nos da luz para entender mejor las cosas, sobre todo a los hermano de raza de tehua para que se reivindiquen con su pueblo. A pesar de todo veo actualmente muchos tehuanos tienen invadido Juchitan con su comercio de elotes, mangos, tortillas, todo lo que siembran, y me consta que tienen todo el apoyo local. O sea las venas abiertas que nos unen empiezan a cicatrizar poco a poco. Saludos, gracias. Otro acontecimiento historico nos los devolvera.

Comentario de luis armando ramirez garcia el enero 21, 2014 a las 6:38am

Y sigue el eterno diferendo... lastima...

Comentario de Juan M. Cruz el enero 21, 2014 a las 6:21pm

Muy buena aportación, únicamente me quedo con la duda ya que los juchitecos estaban enojados con Benito Juarez porque mando incendiar la ciudad en 1850 y aun asi le dieron su apoyo total al igual que el sacerdote Mauricio Lopez, lo cual indica que no toda la iglesia estaba contra el benemérito.

Tengo entendido que ya en la época de la revolución Ni Enrique Liekens, Genaro Lopez Miro y Jeremías Lopez Chiñas Ni uno solo de ellos llego a sobresalir en combates como el General Heliodoro Charis Castro quien ya después de retirado del servicio de las armas y siendo representante en el congreso gestiono y le aprobaron centros de estudios en la ciudad de juchitan, ya que no quería que los jóvenes fueran tan escasos en educación como lo fue él.

Comentario de Ciriaco G el enero 22, 2014 a las 8:24pm

¿El Gral. Jeremias Lopez Chiñas y en la epoca deEnrique Liekens, eran porfiristas?  ¿entre ellos tambien estaba  el Gral. Juvencio Robles y su yerno el Gral. Alberto Teodoro razgado?, el general Charis ya es poterior a estos hombres que si fueron letrados.

Comentario de Oscar Bartolo Ruiz el enero 22, 2014 a las 9:38pm

Claros, ya veia algo desfazado la conexion  anterior. Y recalco solo la historia nos devolvera a nuestros hermanos tehuanos, tan cera en geografia y tan lejos en espiritu zapoteca. Los  acontecimientos historicos abarcan 50 años de paz y 200 años de movimientos sociales, aun cuando suceden en solamente 2 años. Asi de grande es la humanidad y la historia.  Se los aseguro au cuando no soy antropologo y ni etnologo. Vaya pues para cualquier teco  o tehuano remilgoso. Y reitero los hermanos tehuanos tienen invadido Juchitan y se le quiere, se les cobija, se les habren las puertas, se le COBIJA, por eso digo, los vientos eolicos con mareñas nos los devolveran.  SI NO AL TIEMPO.

La conexion anterios es m.cruz-

Comentario de Ciriaco G el enero 23, 2014 a las 11:39am

Eres un poco complicado para mi rural formacion.

Comentario de Ciriaco G el enero 25, 2014 a las 5:57pm

Ciertamente existe una placa conmemorativa sobre el rio laja en Cortazar Guanajuato en reconocimiento a la batalla de los Valientes Tehuantepecanos. ¿Fue en esta Batalla?

 La caballería al mando de los generales Cesáreo Castro, Maycotte, González y Novoa actuó con resolución, llevando a cabo un doble envolvimiento sobre el enemigo. El general González atacó por el norte, llegando hasta donde estaban los trenes villistas que comenzaban la huida. La existencia de canales de riego impidió que la caballería consumara su acción. Horas después se había consumado la primera derrota villista. Todavía la caballería constitucionalista persiguió a los derrotados a unos 20 kilómetros, deteniéndose al caer la tarde en Crespo y El Guaje; la infantería lo hizo en los alrededores de Celaya. Las bajas fueron por los constitucionalistas 4 jefes, 27 oficiales y 527 de tropa muertos; heridos fueron 5 jefes, 20 oficiales (Diódoto Ramírez entre ellos) y 340 de tropa; las bajas villistas fueron 1800 muertos, entre ellos los generales Agustín Estrada y Francisco Natera, 3000 heridos y 500 prisioneros, así como gran cantidad de material y ganado. Las diezmadas huestes villistas se retiraron a Salamanca con objeto de reorganizarse, recibir refuerzos, curar las heridas y sobre todo preparar su nueva operación. La primera batalla de Celaya había terminado con un notable triunfo para el general Álvaro Obregón, pero la lucha no había terminado, pues el general Francisco Villa no se daba por vencido tan fácilmente.

Comentario de Oscar Bartolo Ruiz el enero 25, 2014 a las 8:14pm

bien la aportacion, lo felicito, saludos.

Comentario de ANTONIO LÓPEZ TOLEDO el enero 26, 2014 a las 9:55am

Gracias por su aportación, información que ignoraba. Veo, que el origen de mi General Charis, fue muy similar al de mi General Pancho Villa. Supuesto que ambos fueron bandidos, héroes (aunque no de igual estatura) y después caciques. Lo cierto es que,  Cháris (bixhoóse goólaa máa de choónaa) no tuvo instrucción elemental alguna y por ello; a los juchitercos nos legó instituciones educativas para que no fuéramos tan burros. Y respecto a los tehuanos, creo que ya todo quedó en el olvido y únicamente a los blaseños debemos agradecer todo lo que hicieron por Xhaaviséndee.

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