Desarrollo

a) Algunas consideraciones

La zona sur del istmo oaxaqueño, debido a su situación geográfica estratégica, se ha visto envuelta en distintas pugnas con sectores económicos y políticos de la mayor trascendencia.
En esa región predominan los habitantes de origen zapoteca autodenominados binnizá[1] o gente de las nubes. Forman una población mayor a los 150 000 habitantes agrupados en más de diez municipios. Existen además otros cuatro grupos étnicos que son: huaves, zoques, chontales y mixes, que no juegan un papel tan preponderante en la región como los primeros.
Los zapotecas conservan una memoria histórica envidiable, significando para ellos algo de vital importancia el transmitirla a futuras generaciones. En la evocación colectiva encuentran la justificación de lo que son, y ejemplo de vida para seguir siendo. La forma oral es uno de los medios de comunicar los sucesos acontecidos, pero existe también la palabra fija, esa que encontramos en los libros y que ellos muy bien han plasmado ante la necesidad de buscar nuevos medios que hagan perdurar su pasado.
Algo que llamó nuestra atención fue el hecho de que, algunos asentamientos que antiguamente hablaban el zapoteco o diidxazá[2] y compartían la cultura y conciencia étnica zapoteca, en la actualidad no lo hagan. Lo más extraño es que sean poblaciones bien comunicadas, con un grado relativamente alto de escolaridad, parecida situación socioeconómica, y en unos casos, divididas por muy poca distancia.
Los municipios a estudiar en este trabajo son tres: Juchitán de Zaragoza, Santo Domingo Tehuantepec y San Blas Atempa., los dos primeros con más de 50 000 habitantes y con la categoría de ciudad; y el tercero con más de 15 000 habitantes y con la de villa[3].
En Juchitán y San Blas encontramos una población mayoritariamente hablante del zapoteco y poseedora de la conciencia étnica e histórica binnizá, cosa que no hallamos en Tehuantepec. Atribuimos esta situación a los acontecimientos que durante el siglo XIX tuvieron lugar en la región y en el país.
Durante esta intervención haremos mención de algunos sucesos que consideramos como trascendentales para los cambios político-culturales que se derivaron.

b) Inician las rebeliones
En 1834 una revuelta comienza en Juchitán, encabezada por José Gregorio Meléndez, recordado entre los binnizá como Ché Gorio Melendre[4]. Las causas del levantamiento fueron de índole reivindicativo, en respuesta probablemente a la disposición del gobierno del estado de centralizar las rentas de las salinas costeras . La lucha no duró mucho.
Uno de los grupos de apoyo a la rebelión estuvo en el entonces barrio de Tehuantepec, San Blas Atempa. Los demás sectores de aquella ciudad, se mostraron indiferentes a la sublevación, debido en buena medida a la importancia del lugar por ser cabecera departamental y cede del obispado. 
En 1847, en plena invasión norteamericana, los conservadores de la ciudad de Oaxaca conocidos como los “polkos” se hicieron del poder en la capital del estado[5]. Juchitecos y san blaseños, liderados nuevamente por Meléndez, tomaron el control político y militar de la región del istmo, quienes vieron en la huída de las autoridades estatales una oportunidad para lograr la autonomía regional. 
Una vez derrotados los “polkos”, el licenciado Benito Juárez García entra a escena apropiándose del cargo de gobernador estatal; acto seguido, destituye a Meléndez como gobernador del departamento de Tehuantepec, y lo baja a Comandante de la Guardia Nacional en la región; Juárez además le reconoce a dos extranjeros, que sin documentación alguna se decían dueños, la propiedad de unas haciendas que legítimamente le pertenecían a los zapotecas, quienes a raíz de estas resoluciones estuvieron a la defensiva.
Ante la actitud hostil del gobierno, los juchitecos se situaron en territorio de sus aliados de San Blas Atempa, provocando la huída del representante de Juárez, a la ciudad de Oaxaca.
Los zapotecos se gobernaron así mismos por más de dos años, actuando siempre con cautela debido a las constantes maniobras por someterlos, departe de las autoridades estatales. 
Una vez asegurado en el poder, el gobernador envía tropas para impedir que los zapotecos siguieran beneficiándose de las Haciendas Marquesanas, ya fuera sacando la sal para consumo y comercialización, o alimentando a su ganado. Tras esto, un nuevo levantamiento armado da comienzo.
El 19 de mayo de 1850 el pueblo de Juchitán es incendiado por tropas estatales enviadas por el gobernador del estado de Oaxaca Benito Juárez[6]. Pasado unos meses de la represión, se agregaba otra demanda de los alzados: la separación del departamento de Tehuantepec, respecto al estado de Oaxaca. 
Muchos fueron los pueblos que se sumaron a la lucha, entre los que volvió a destacar el barrio de San Blas Atempa. La diferencia sustancial radicó en que, en esta ocasión, Tehuantepec, no sólo no se mantuvo neutral, sino que empleó un destacamento de voluntarios para perseguir a los rebeldes; de este modo los zapotecos pelearon entre sí. 
La ciudad de Tehuantepec se halló dividida. Por una parte, el barrio de San Blas Atempa, alejado apenas unos metros del Palacio municipal, apoyaba a los juchitecos encabezados por Melendre; y por otra, las autoridades municipales tehuantepecanas desaprobaban y combatían la insurrección.
Muchas batallas se trabaron durante la sublevación, sin poder el gobierno central suprimir a los rebeldes por medio de la represión, ante lo cual, usó la diplomacia para calmar los ánimos. La amnistía se presentó, los hombres volvieron a sus comunidades y a la cosecha, pero la discordia entre pueblos hermanos se había implantado. Los san blaseños empezaron a distanciarse de los demás tehuanos,[7] y una rivalidad insalvable nació entre Tehuantepec y Juchitán, dos pueblosbinnizá.
Al exigir la separación del istmo, del estado de Oaxaca, los zapotecos eran movidos por un deseo de autonomía regional que significaría también, la étnica. En aquel entonces la idea de nación como hay la comprendemos, aún no se forjaba, y los indígenas velaban por sus reivindicaciones antes que todo. Un testigo alemán anotó sobre el líder rebelde lo siguiente.
“Traía enredado su sarape, exhalaba el humo de un cigarro de papel por la nariz y veía con inefable desprecio nuestro arribo, sus fundamentos tenían un sentimiento tan justo, que no vacilé en hacerle el juego, mediante una caricatura improvisada de Santa Anna, que le hizo reír con gran placer”[8]
Durante la rebelión de Ché Gorio Melendre, se manifestaron las divisiones políticas en la región. Los tehuanos encajaban en un proceso más a escala estatal que regional; los tecos[9] y blaseños en cambio se movían en uno que reivindicaba los territorios ancestrales y las formas autóctonas de regirse.
En 29 de mayo 1853, justo el día de la muerte de Melendre[10]el general Antonio López de Santa Anna firma el decreto que concede autonomía política al istmo de Tehuantepec y lo convierte en Territorio Federal por carecer del número de habitantes para erigirse en estado[11]. La región vivió cuatro años de autonomía política, durante los cuales, las tensiones se agravaron más, ya que el único gobernador que existió, el tehuantepecano Máximo Ramón Ortiz, ejerció el poder con mano dura, lo que motivo que muchas comunidades se aglutinaran en torno a Juchitán para luchar contra los atropellos cometidos. Entre los pueblos rebeldes no dejó de contarse San Blas Atempa.
Fueron años de violencia fraticida, que llevó al final, a la toma de Tehuantepec por soldados zapotecos, al mando del párroco juchiteco Miguel López,conocido como padre pistolas[12] muerto poco después en una refriega. Por más de un año, la ciudad estuvo en manos de los alzados; viajeros de la época mencionan que los soldados improvisados de Juchitán, causaban un aspecto desagradable debido a su atrevimiento de usar como cuartel el ex-convento dominico y por no mostrar el más mínimo respeto, para con las personas de alto nivel económico. Este conflicto ahondó más la división, ya de por sí frágil.
En 1857 se proclama la nueva Constitución federalista que reincorpora al estado de Oaxaca el territorio de Tehuantepec[13]. Poco después en la esfera nacional da inicio la guerra de reforma, que mancha de sangre gran parte del país. Los zapotecos del istmo se vieron envueltos otra vez en una pugna, que en esta ocasión dividió a tecos y tehuanos en liberales y conservadores. A su vez entró al terreno regional un personaje llamado Porfirio Díaz, quien ocupó la gubernatura del istmo de Tehuantepec, en manos todavía de soldados juchitecos y blaseños. 
La causa liberal estaba casi perdida, el ya presidente de la república, Benito Juárez, se encontraba en Veracruz, y a Díaz, sólo le correspondía conservar la región en manos liberales, contando para ello con los habitantes de Juchitán y San Blas, bajo influencia de otro sacerdote, Mauricio López. Ahora los guerrilleros eran los tehuanos que apoyaban al bando conservador y que pronto se vieron derrotados. En esos años pasó por Tehuantepec el investigador francés Charles Brasseur, quien dejó el testimonio siguiente:
“En Tehuantepec mismo, el prior del convento de Santo Domingo, fray Mauricio López, [...] es uno de los jefes más activos del partido liberal; quien, durante la época de mi estancia era, con el gobernador don Porfirio Díaz, el amo absoluto de la región y dirigía a los valientes Juchitecos que, una vez más en posesión de Tehuantepec, ocupaban todos los cargos de esta ciudad”[14]
El acontecimiento que mató toda tentativa de reconciliación entre los binnizá fue la intervención francesa, de nueva cuenta, suceso de trascendencia nacional.
Las autoridades tehuantepecanas (por no decir que gran parte de la población) dieron la bienvenida al invasor en el año de 1865, y en esto destacó Remigio Toledo, ex-combatiente en la guerra de reforma a favor de los conservadores y ahora soldado del imperio de Maximiliano. 
El 5 de septiembre de 1866[15], el ejercito francés y sus adeptos, entre ellos Remigio Toledo, son derrotados en el pueblo de Juchitán por soldados (hombres y mujeres) oriundos de la misma población, de San Blas Atempa, Ixtaltepec, Ranchu Gubiña (Hoy Unión Hidalgo), pueblos aledaños, y vecinos del estado de Chiapas, armados en su mayoría con machetes, hondas y palos. 
Los triunfos de Porfirio Díaz en la Carbonera y Miahuatlán fueron posteriores a esta gesta, y en buena parte, consecuencia de ella, es decir: fue después del 5 de septiembre cuando se logró recuperar la capital del estado.

c) El san blaseño no es tehuano

La intervención marcó la ruptura definitiva con Tehuantepec, de Juchitán y San Blas. Desde entonces a los oriundos de aquella ciudad se les quedó el mote de “tehuanos traidores” y el barrio de San Blas Atempa pidió ante el congreso del estado su erección en municipio libre, petición concedida el 19 de octubre de 1868[16], dos años después de la derrota de los invasores en el istmo.
De este modo, lo que había sido un barrio de Tehuantepec, quedó erigido en municipio, fundamentalmente por haber vivido la guerra en distinto frente.
Durante los años que siguieron, los blaseños, que dejaron de ser tehuanos voluntariamente, encontraron en su pasado rebelde y valiente, la base para un orgullo bien ganado, a pesar de su poca población, de que la gran mayoría sólo hablaba zapoteco y de que los dividía de los “tehuanos traidores” una calle, o una casa. 
Hoy en día, muchos blaseños se molestan cuando se les llama tehuanos y responden: “no somos tehuanos, somos san blaseños”. Y es que ya no sólo los divide una calle, sino que ahora los diferencia una lengua, una historia y una cultura. Al pasar de Tehuantepec a San Blas, no se transita exclusivamente de uno a otro municipio, sino de una forma de vida a otra, y todo esto como consecuencia de lo pretérito, es decir, de la historia.
Los hombres y mujeres de San Blas, son considerados en el istmo personas valientes e independientes al máximo. Se enorgullecen de ser zapotecas y de hablar su lengua, la que conservan casi intacta a pesar de que comparten el espacio geográfico con los tehuantepecanos; no se ven obligados a dejarla ante la necesidad de asistir a la capital del estado o de la república a concluir sus estudios, sino que adoptan la nueva sin dejar se manejar la propia. Por tener una conciencia étnica tan arraigada, es por lo que resisten a los llamados de cambio. 
Gran parte de los niños de San Blas Atempa acuden a las escuelas que se encuentran en Tehuantepec para lo que caminan una pocas cuadras. Entre ellos se comunican en diidxazá, y es impresionante verlos diferenciarse claramente de los tehuanos aduciendo que San Blas es zapoteco, mientras que Tehuantepec dejó de serlo.

d) Juchitán: centro político e intelectual binnizá
En Juchitán los años transcurrieron con nuevas rebeliones, ya fuera contra Porfirio Días o contra Benito Juárez Maza, hijo del benemérito; lo que demostró que no solo peleaban por un caudillo o causa ajena a ellos, sino que cada revuelta servía para ganar terreno. 
Durante la revolución, miles de juchitecos se enrolaron en las distintas facciones, ya fuera con Obregón, con Carranza o contra cualquiera de ellos[17]; los motivos fueron otros que no corresponde aclarar aquí. Menciono el hecho, porque en la posrevolución los zapotecos de Juchitán que alcanzaron grados elevados en el ejercito, tales como Enrique Liekens (miembro del estado mayor del general Obregón), Genaro López Miro y Jeremías López Chiñas, apoyaron económicamente a jóvenes que venían a la ciudad de México a estudiar[18]. Estos, fueron pioneros, junto con el San Blaseño Arcadio G. Molina[19], en la revaloración de su lengua y su cultura, ya no sólo en el campo de batalla, sino en trincheras académicas y literarias, surgiendo así, escritores como Andrés Henestrosa o Gabriel López Chiñas y haciendo publicaciones bilingües en la mismísima capital de la republica en pleno 1936. Esta transformación dio paso al nacimiento de una intelectualidad zapoteca que sigue en pie, renovándose generación tras generación y haciendo cada una su aportación para no olvidar nunca lo que son: binnizá
Entre los logros alcanzados, está el establecimiento en Juchitán, de la primera casa de la cultura del estado de Oaxaca, proyecto apoyado por la capa intelectual zapoteca entre los que destaca el pintor juchiteco Francisco Toledo; también están las publicaciones de innumerables libros en zapoteco, revistas bilingües, obras de teatro, etc. En 1981 esta ciudad se convirtió en el primer municipio del país gobernado por la izquierda[20].
Los políticos y estudiantes contemporáneos siguen reflejándose en el pasado de su pueblo, sabiendo que pocas veces coincide o aparece siquiera en la historiografía oficial, ya que como se dice: la historia la hacen los vencedores. 
Precisamente hoy libran una nueva batalla por no perder su lengua, que ante el avance de la globalización, se ve un tanto debilitada. 

Conclusiones

Con los sucesos del siglo XIX, Juchitán y San Blas justifican hoy su actitud orgullosa ante la lengua y la cultura. El conocimiento histórico reafirma su conciencia étnica, porque fue esa misma historia la que les demostró que se podían sortear todas las dificultades a base de voluntad y perseverancia. Su pasado rebelde, revitaliza la dignidad que poseen actualmente. Ese pasado les dice que no se tiene que dejar de ser binnizá para conseguir lo deseado, que casi siempre es justicia. 
Al verse envueltos en luchas internas, cada bando trató de parecerse menos al contrario. Así, Tehuantepec dejó de lado la lengua zapoteca que hablaban aquellos que no querían “progresar” y tomaron rápidamente el castellano como lengua de la “gente de razón”. Juchitecos y blaseños por el contrario revaloraron su idioma con el fin de diferenciarse del “traidor” que no había sido valiente frente el extranjero y para demostrar a su vez que con la cultura por delante se podía mejorar.
La postura política que en el siglo XIX cada comunidad asumió, tuvo consecuencias visibles, es decir, la historia como factor en el desarrollo cultural y la conciencia étnica fue determinante.

[1] Binni: Gente. Zá: Nube.[]
2 Diidxa: Palabra, idioma. Zá: Nube.[]
Conteo95 de población y vivienda, resultados definitivos, tabuladores básicos. Oaxaca, INEGI, Tomo I, 1995.
[4] Víctor de la Cruz, “Rebeliones indígenas en el istmo de Tehuantepec” en cuadernos políticos, n° 38, octubre-diciembre de 1983 pp. 56-71.
[5] Víctor de la Cruz, La rebelión de Che Gorio Melendre, México, H. Ayuntamiento Popular de Juchitán., 1983, p. 12.[]
6[ ]Ibidem p. 16.[]
7 Forma usual de decir tehuantepecano.[]
8 Von Tempsky, G. F., “Narraciones de incidentes y aventuras personales en Tehuantepec y Juchitán” en Guchachi Reza (iguana rajada), n° 8, septiembre de 1981, p. 15-16.[]
9 Abreviación de juchiteco usado principalmente en el istmo de Tehuantepec.[]
10 Gilberto Orozco, Tradiciones y leyendas del Istmo de Tehuantepec, México, Revista Musical Mexicana, 1946, p. 34 []
11 División territorial del Estado de Oaxaca de 1810 a 1995, INEGI, Tomo I, 1996, p. 29.[]
12 Este apodo se debió a que oficiaba misa con sus pistolas al cinto. Esto me lo relató Germán Luis Orozco en el año 2001.[]
13 División territorial del Estado de Oaxaca de 1810 a 1995, INEGI, Tomo I, 1996, p.35.[]
14 Charles Brasseur, Viaje por el istmo de Tehuantepec 1859-1860, México, Fondo de Cultura Económica, Colección de Lecturas Mexicanas, 1983, P. 147.[]
15 Para mejor referencia ver: Aurelio Martínez L., Historia de la intervención francesa, en el estado de Oaxaca, México, 1966.
16 División territorial del Estado de Oaxaca de 1810 a 1995, INEGI, Tomo I, 1996, p 76.[]
17 Para más información ver: Víctor de la cruz, El General Charis y la pacificación del México postrevolucionario, México, CIESAS, Ed. Casa Chata, 1993.
[18] Víctor de la Cruz, “Hermanos o ciudadanos: Dos lenguas, dos proyectos políticos en el Istmo” en Guchachi’ Reza (iguana rajada), n° 21, diciembre de 1984, pp. 18-24. 
[19] Ibid.[]
20 Adriana López Monjardin, “Juchitán, las historias de la discordia”, en cuadernos políticos n° 38, octubre-diciembre de 1983, pp. 72-80.

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Comentario de ulises hernández luna el enero 29, 2014 a las 7:40pm

Con relación a esta etapa de la historia de nuestro entidad y región istmeña, me permitiré citar parte de las memorias de Don Porfirio Díaz, a partir de la derrota de los conservadores encabezados por Jo´se María Cobos en la ciudad de Oaxaca: " Cobos y sus oficiales derrotados emprendieron camino para el sur de Oaxaca, llegaron hasta Miahuatlán y de allí se fueron a Tehuantepec, por la sierra de Huamelula. En Tehuantepec encontraron mucha aceptación en el pueblo...y fueron eficazmente auxiliados por el comerciante inglés Tomás H. Woolrich...facilitó a Cobos 2 o 3000 machetes...y una fuerte cantidad de pólvora.

Reorganizado Cobos por la decidida protección que encontró en Tehuantepec, amenazaba seriamente al gobierno de Oaxaca, el cual se vio obligado a mandar prontamente una columna que fuera en su persecución y cuyo mando encomendó al coronel don Ignacio Mejía. Esta columna se componía de 700 hombres, poco más o menos y se formaba de las compañías de cazadores y granaderos del primer batallón de guardia nacional del Estado, mandada por su teniente coronel José María Ballesteros; de las compañías de granaderos y cazadores del segundo batallón, mandadas por mí (Porfirio Díaz), como capitán de granaderos...emprendimos la marcha hacia Tehuantepec, y al llegar a la hacienda de Tapanala, supo el coronel Mejía que había una avanzada de infantería y caballería en un rancho llamado Las Vacas y destacó al capitán Francisco Cortés (originario de San Blas) con su compañía (compuesta con soldados blaseños), que era una de las del tercero  y con un piquete de caballería. Éste como muy conocedor del terreno, batió al destacamento de Las Vacas...Seguimos la marcha, y al pasar por la hacienda de San Cristóbal  tuvimos noticia de que el enemigo se movía de Tehuantepec para encontrarnos, y en efecto el 25 de febrero  de 1858, antes de llegar al pueblo de Jalapa, comenzamos a ser tiroteados por su avanzada. Atacamos vigorosamente su núcleo principal que estaba en el convento, habiéndose posesionado además, de dos montículos inmediatos al pueblo de Jalapa y fue completamente derrotado...Cobos tenía en esa batalla cosa de 3000 hombres...emprendieron la fuga por el camino de Jalapa a Huamelula en donde pernoctaron ese día, después de haber hecho una marcha muy  rápida y muy penosa.

Como el coronel Mejía había dado aviso a los juchitecos, partidarios del gobierno,, que habían ocupado ya Tehuantepec provechando el abandono que de esa plaza hizo Cobos para salir a nuestro encuentro. Una partida de juchitecos se puso en marcha por camino extraviado para el rancho del Garrapatero, lugar por donde Cobos debía pasar; llegó en efecto antes que Cobos, y sin ocupar la habitación del rancho se emboscó en el monte y encerró en el corral un buen número de vacas de ordeña, para provocar el apetito de los prófugos que a poco debían pasar por allí y seguramente con hambre. Así sucedió, al amanecer del día 26 de febrero y cuando más de 40 personas de las que huían con Cobos, que casi todos eran jefes y oficiales, estaban a pie y ocupados en ordeñar las vacas los juchitecos rodearon  el corral y asesinaron a todos. Cobos, don Manuel González y otros oficiales se salvaron de la matanza por no haberse detenido...(el capitán Porfirio Díaz también menciona en sus memorias que) ...el barrio de San Blas...era el único amigo que teníamos de los 15 barrios que forman la ciudad de Tehuantepec".

Paisanos, no obstante lo acontecido y la conducta de los tehuantepecanos, no debemos dejar de llamarlos a la reconciliación, pues somos pueblos hermanos con una misma cultura, nuestra mano estará siempre extendida como muestra de amistad, en ellos quedará la respuesta.

Comentario de Ciriaco G el enero 30, 2014 a las 5:28am

No se dcomo pero devemos hacer un reencuentro con la historia y los Tehuanos que no nos lo estan pidiendo. pero es importante politizar y encontrar los puntos nodales. Disculpen!!

Comentario de Pablo guchachi el enero 30, 2014 a las 7:35am

En estos tiempos de las memorias del Capitan de Porfirio Diaz? "a partir de la derrota de los conservadores encabezados por Jo´se María Cobos en la ciudad de Oaxaca: " Cobos y sus oficiales derrotados emprendieron camino para el sur de Oaxaca, llegaron hasta Miahuatlán y de allí se fueron a Tehuantepec, por la sierra de Huamelula. En Tehuantepec encontraron mucha aceptación en el pueblo...y fueron eficazmente auxiliados por el comerciante inglés Tomás H. Woolrich...facilitó a Cobos 2 o 3000 machetes...y una fuerte cantidad de pólvora." Quien tambien fué conservador y extranjero.

"Como el coronel Mejía había dado aviso a los juchitecos, partidarios del gobierno",, (de Oaxaca). al amanecer del día 26 de febrero y cuando más de 40 personas de las que huían con Cobos, que casi todos eran jefes y oficiales, estaban a pie y ocupados en ordeñar las vacas los juchitecos rodearon  el corral y asesinaron a todos.

Alguien me dijo en una ocasion cuando discutiamos un problema. "Para entender la discusion de los Oaxaqueños primero hay desenrredar el queso, analizar pieza por pieza y obtener los resultados buscados" en nuestra historia reciente participan: Thomas Woolrich, Ciudadano Ingles, Jose Maria Cobos.

Una pregunta que me surge. ¿Estos valientes soldados Juchitecos, San Blaseños, partidarios del capitan Porfirio Diaz, fueron los que integraron el "Batallon de Valientes soldados Tehuantepecanos" que derrotaron en el rio Lajas de Celaya Guanajuato a los dorados de francisco Villa?

Comentario de Oscar Bartolo Ruiz el enero 30, 2014 a las 7:53am

Uy y Uf, debieran de citar editorial y paginas.

Comentario de Juan M. Cruz el enero 30, 2014 a las 8:23am
Pablo guchachi, entre las acciones de armas que se llevaron a cabo en el Istmo de Tehuanepec y lo que hizo el batallón de juchitecos en el bajío hay un espacio de 55 años por lo tanto pudieron haber sido sus nietos, saludos.
Comentario de Ciriaco G el enero 30, 2014 a las 10:02am

Creo de que tienes Razon. sobre el comentario de Pablo. y hay citar la bibliografia de Ulises Hermandez.

Tambien se puede especular que estos soldados porfirianos ya estabn entrenados cuando se fueron co Alvaro Obregon.

Comentario de Ciriaco G el enero 30, 2014 a las 10:03am

Hay que desenrredar el pinche queso

Comentario de ulises hernández luna el enero 30, 2014 a las 7:03pm

Fuente bibliográfica.- Memorias de Porfirio Díaz, Edit. Consejo Nacional para  la Cultura y las Artes, vol. I, 1a edición 1994.

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