La frágil situación de la lengua zapoteca

 

El siguiente texto es una adaptación del desarrollo de mis respuestas a una serie de cuestionamientos planteados por la Lic. Edith Vargas en el marco de los intercambios que hemos estado sosteniendo en el Grupo: Reflexiones sobre la lengua zapoteca del profesor Roberto Cortés. Lo que sigue es única y exclusivamente mi perspectiva sobre el panorama de la lengua zapoteca; perspectiva que se deriva de las reflexiones que hemos estado haciendo en el grupo y de mi conocimiento de la reducida población que representa la variación del zapoteco que hablo, por lo que si existiese en ellas algún error de forma o de fondo, sólo yo soy el responsable por ello.

Si alguien desea conocer más sobre el contexto en que se insertan estas respuestas puede visitar y participar en el grupo Reflexiones sobre la lengua zapoteca de esta red http://zapotecosdelmundo.ning.com/

 

No basta con el esfuerzo que actualmente hacemos los nativos para dignificar y preservar el zapoteco. Pero es una parte importante. Sobre todo porque las presiones indirectas para la extinción del zapoteco provienen de afuera, de las circunstancias económicas, del indigenismo y del desarrollismo. Creo que esto es una forma moderna de conquista que obliga a los zapotecos a verse a sí mismo inferiores a quienes hablan inglés o español.

Veo un fenómeno avasallador que podría sintetizarse sencillamente de la siguiente forma: el inglés presiona a nivel global para que sea utilizada como lengua universal, lo hace también con respecto al español; a su vez, el español se impone a las lenguas originarias como signo de desarrollo y en este proceso el mayor devora al menor hasta extinguirlo. De esta manera se crea la  percepción de que entre más universal sea la lengua que se habla, mejor calidad de vida se tiene porque «las oportunidades de crecimiento» vienen de las culturas que hablan esas lenguas y no al revés. Esto involucra obviamente asuntos que trascienden la lengua y se vinculan con circunstancias socioeconómicas.

Pero si la cosa fuera al revés, si se revalora la situación como en muchos casos es, de que la cultura zapoteca tiene sus propias fuentes «de calidad de vida» o mínimamente se demanda desde la perspectiva zapoteca que se nos tome en cuenta como somos y que a partir de allí se trabaje en conjunto para lograr el crecimiento sustentable de las comunidades, otra cosa sería. Supongo que esa es parte de la intención de quienes instauraron la educación bilingüe en México, pero me parece que eso sigue siendo insuficiente. Porque, además el intenso bombardeo de publicidad sobre estándares de «vida mejor» se hace desde el español,  que a su vez se alimenta de otras culturas más universales y que se consideran mejores.

De allí que que sea necesaria una revalorización de nuestras culturas originarias, de nuestra identidad, de nuestras aportaciones a la humanidad, de nuestra esencia como pueblo milenario. Para que partiendo de allí cambiemos nuestro autoconcepto y autoestima ante las demás culturas y podamos así con orgullo vivir y mostrar nuestra forma de vida, mejorarla en el marco de la cosmovisión zapoteca y lograr una cultura digamos alterna.

Pero para eso se necesitan dos cosas: 1. Una reflexión profunda de cada uno de los zapotecos y un replanteamiento como pueblo de nuestro lugar en el mundo, y 2. Una autoanálisis que nos permita sentar las diferencias y coincidencias con quienes nos dominaron.

Ambas cosas parecen imposibles, pero en especial la segunda, dado que entre el nuevo mundo y el viejo había una diferencia de desarrollo de al menos mil años que es imbordeable, así que estamos obligados a partir de las contribuciones tecnològicas y filosofía del desarrollo de los mestizos para poder hacer ese replanteamiento.

 

Además de esfuerzo desde adentro, se requiere una visión no desarrollista de las instituciones responsables que permitan lograr o estimular la revalorización de la que hablaba en el apartado anterior.

La discriminación y el paternalismo afectaron en el pasado en la misma medida y en el mismo sentido:

Porque si por un lado la discriminación de la que hemos sido objetos durante quinientos años nos hizo avergonzarnos de lo que somos o de dónde venimos, el paternalismo contribuyó a agudizarlo con su condescendencia intrínseca: «Sí, oye. Es que pobrecitos, como son indios están bien jodidos y no están avanzados como nostros que estamos en el gobierno. Pero no se preocupen ¿eh? Allí les va un dinero para que cultiven su tierra y no se avergüencen de ser pobres porque además lo van a seguir siendo, pero la cosa es que se acepten como tal, al cabo que aquí estamos para ayudarlos. Ah! y esos que los tratan mal por lo que son, ya no los molesten, ¿qué culpan tienen ellos de estar bien chingados?»

Derivado de lo anterior, pienso que se puede concluir y también porque yo mismo lo he visto, es que quienes habitan en mi comunidad, están convencidos de que hay que dejar de hablar y pensar en zapoteco para poder «salir adelante».

Sin embargo aquí entran otras cuestiones. Porque a partir del año 1997 cuando se obligó institucionalmente a los niños a hablar solamente en español y se abrieron los caminos para un mayor intercambio entre las comunidades cercanas y las grandes ciudades con nuestra comunidad, «los hablantes» se dividieron rápidamente en varios grupos: a) Aquellos «puros» que nunca han salido de su comunidad más allá de cincuenta kilómetros, b) aquellos que desde hacía años han salido periódicamente de la comunidad para trabajar en otras partes del país pero que tienen su residencia permanente en el pueblo, c) aquellos que residen en las grandes ciudades «mientras estudian» d) aquellos que se quedaron en el camino y ya no volvieron pero que siguen hablando el zapoteco con sus conocidos y familiares.

Pero también tiene que ver con algo que dejé pendiente en párrafos anteriores: Se requiere una profunda reflexión y análisis de cada zapoteco, una reflexión que nos coduzca a un replanteamiento y revalorización de lo que somos.

Y eso hasta donde yo sé no existe actualmente en mi comunidad y en ninguno de los grupos al que he hecho referencia. Por lo menos no, como lo he logrado yo, lo cual confieso con orgullo y tristeza.

Y creo que tiene que ver precisamente con las circunstancias socioeconómicas en la que el zapoteco se encuentra. Estamos tan ocupados queriendo o pretendiendo ser «los otros que dicen o muestran que son mejores» o estamos tan inmersos buscando lo que nos falta o metidos en la nostalgia por el pasado que no tenemos tiempo ni formación (ni la buscamos porque no es prioridad) para iniciar, mantener y llevar a cabo esas reflexiones.

¿Hay una conciencia crítica y analítica? Otra vez, yo pregunto ¿de quiénes? Usaré la casificación que señalé anteriormente para tratar de dar respuesta,

a) De aquellos hablantes «puros» casi estoy seguro que no. Yo he visto y escuchado sus expresiones y son apenas tímidas reflexiones sobre sus orígenes y su futuro como pueblo.

b) De aquellos que desde hace años han salido periódicamente, pienso que  que si aunque en un grado menor.

c) De aquellos que residen en las grandes ciudades «mientras estudian» de acuerdo a mi experiencia, son los que más han mostrado este tipo de pensamientos y de hecho, ale menos cinco han mostrado genuino interés en contribuir al desarrollo y preservación de la cultura zapoteca de la comunidad. La preocupación, la reflexión que obtienen de su formación universitaria es incipiente, pero al menos existe. La pregunta sería ¿con qué visión crítica abordarán las situaciones cuando llegue el momento? ¿indigenismo, desarrollismo o con una visión «desde adentro»? En lo que a mi respecta, es en este grupo en quien descansan mis esperanzas de hacer algo por la dignificación de Quioquitani.

d) De aquellos que se quedaron en el camino. Lo dudo mucho, aunque la nostalgia por el pasado es muy patente, difícilmente tendrán una mirada crñitica y analítica de algo que cada día se pierde en el horizonte.

Por último quisiera mencionar que la expresión «irreversible muerte de las lenguas» es una visión bastante pesimista y catastrófica que no comparto.

Estoy de acuerdo en que nuestro dialecto sufrirá (como hasta el momento lo ha estado haciendo) alguna transformación, pero cómo y en qué grado, depende en gran parte de nosotros.

Pero yo, no me voy a sentar con los brazos cruzados viendo pasar el tiempo y con ella cómo se diluye lo que en otro tiempo era una forma de vida y expresión en un rincón de la Sierra Sur.

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