Iglesia, Psicología y la rabia de Fernando Vallejo.

 Josué Dante Velázquez Aquino[1]

 

Los científicos teóricos no tenemos ningún derecho a la opinión pública, dirían aquellos que consideran que las nuestras son palabras de prestado a la pluma y paciencia de estar muchas horas en la revisión de fuentes primarias y secundarias. En mi caso, y a juzgar por los comentarios de mis estudiantes, mis ejercicios teóricos van dirigidos a la comprensión de unidades epistémicas que me permiten desarrollar argumentos para la ejecución de investigaciones en psicología.

Puesto que revisar es escuchar una voz impresa, entonces hacemos hablar al autor a la manera de Pierre Bourdiueu, con el riesgo de la sobreinterpretación o creer que entendemos a un autor sin el menoscabo de nuestra subjetividad y necesidad académica. De cualquier modo, es menester, según mi experiencia, reconocer la importancia de las revisiones teóricas para el ensamble metodológico de una investigación con entidades teóricas o empíricas.

A propósito de este año alicaído y toda la parafernalia que la acompaña, me fue imposible no volver a la lectura de Fernando Vallejo, escritor colombiano radicado en México que acusa a la iglesia católica de empresa criminal. Mi lectura de La puta de Babilonia, aludiendo a esta sentencia del autor, me hizo pensar en la conexión emocional y económica que hay entre una pequeña ciudad como Juchitán, Oaxaca y la historia de la iglesia en tanto institución con influencia social para persuadir una actitud positiva hacia sus valores y tradiciones. La primera conclusión a la que llegué fue que el sujeto social (en su mayoría señoras adultas) que acude a misas y recurre a la iglesia como organizador espiritual, no tiene la menor idea, mucho menos el interés, de saber el pasado de la institución a la que asiste para satisfacer una necesidad cognitiva, emocional y política.

Qué opinaría una parroquiana – no precisamente la que vive en la inopia, también aquella que se desenvuelve en el intelectualismo de un pueblo acomplejado– sobre las siguientes palabras que abren el libro del colombiano:

“La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el índice de los Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers […]” (Vallejo, 2007: 5).

Las opiniones, según he observo, mantienen la indiferencia de los hechos del pasado de la iglesia a pesar de la existencia de documentos primarios que ordenan la ejecución y describen los hechos a detalle. Pero esto no implica en nada a la ignorancia en tanto los intereses sociales están dirigidos hacia la identidad como comunidad creyente. Así que el parroquiano y la parroquiana pueden prescindir de estos conocimientos históricos y continuar con sus relaciones sociales alrededor del santo patrón de la comunidad, sus estructuras cognitivas no se ven alteradas, las sociales se mantiene intactas porque la devoción no trasciende el acto feligrés, costumbrista y de regionalismo. Es decir, no hay pretensiones de un método historicista para comprender el devenir de la iglesia y, en el caso de Juchitán, Oaxaca, saber que un tal Vicente Ferrer, valenciano de nacimiento, se doctoró en teología recibiendo honores académicos a los 28 años en la Universidad de Valencia, Barcelona y Lérida. Después lo reconoceremos como un dominico que peregrinó y evangelizó por Europa utilizando el tema de la llegada del anticristo y el apocalipsis como temas recurrentes.

Volviendo a la cita de Fernando Vallejo. Si bien esta interpretación de la mujer que cabalga con la copa alzada sobre una bestia de varias cabezas (la ramera de babilonia) puede carecer de argumentos por basarse en razonamiento falsos, no son tan falaces los razonamientos que describen el poder que la iglesia tuvo durante los siglos posteriores a la crucifixión de Jesús de Nazaret.

“[…] la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; […] la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; […] la vendedora de indulgencias” (Vallejo, 2007: 5).     

El 18 de julio de 1300 Gherardo Segarelli era quemado en Parma por no lograr perpetuar la abjuración hecha de su supuesta herejía. Hay que señalar que la particularidad de este personaje es que decidió vender su casa y repartir en un mercado el dinero obtenido, para después predicar el arrepentimiento entre los hombres y mujeres de su época. Estas acciones tomadas son más que suficientes para considerarlo como un hombre bueno y bien intencionado con el pueblo que habitaba. Sin embargo, pienso yo, se tomó facultades que no le correspondían y que la iglesia no podía tolerar.

En el caso de Juan Hus, sacerdote checo que criticó la inmensa riqueza de la iglesia, fue quemado por negarse a retractarse de sus opiniones. Lo mismo con Giordano Bruno, que era un filósofo con pensamientos científicos, congruente con sus actos de pensador en su época. Estos casos, según Vallejo, fueron realizados en nombre de Dios, o protegiendo la voluntad divina. En otras palabras, la iglesia católica tenía el suficiente poder para ordenar estas acciones que hoy pueden ser consideradas como injustas y que seguramente muchas de las parroquianas opinarían que fue un acto cruel con pocas consideraciones a la vida del ser humano. Y cómo no, si la Inquisición utilizaba la tortura para obtener de sus víctimas la confesión de herejía.

Evidentemente que el escritor, rabioso como sólo él, respecto a la Santa Inquisición, declara lo siguiente:

“Ni un solo papa a condenado a la Inquisición. En nuestros tiempos Juan Pablo II el mendaz lanzó al aire la idea, como una de sus bendiciones mierdosas, de que los que quemó la Inquisición no habían sido tantos como se decía. La Inquisición, supremo horror del Homo sapiens […] fue fundada formalmente en 1232 por Gregorio IX de suerte que está por cumplir ocho siglos. ¡Ocho siglos de impunidad! Cuando la Contrarreforma, le cambiaron el nombre por el de Santo Oficio. Hoy se llama congregación para la Doctrina de la Fe […]” (Vallejo, 2007: 32).

Así como la iglesia podía mandar a la hoguera a quien no coincidiera con sus mandatos, asimismo consideró como residuos sociales a quienes tenían un comportamiento “extraño y anormal”. Aquellos que estaban “poseídos” por el demonio tenían que estar recluidos en los manicomios para que no dieran una mala imagen, para que la burguesía pudiera guardar la higiene de una sociedad en pleno desarrollo a finales del siglo XIX. El enfermo mental no podía convivir con los “normales”, y si era un demonio el que estaba en su interior –pues no estaba enfermo– entonces serían los sacerdotes los que se encargarían de ayudar al miserable a pagar su “castigo”.

El día de la famosa crucifixión, lo esperado se presentó: burla y humillación para aquel que se creía rey de los judíos. Después de ese momento, la mofa hacia Cristo el sufriente “[…] inducirá a definir la risa en general en instrumento del diablo, el gran burlador” (Méndez, 2007: 89). O sea, la iglesia se convierte en un ordenador de las moralidades… de la vida cotidiana. No se me ocurre más objetivos, además del control, que el poder en manos de representantes por el uso del discurso. Y los creyentes tenían que responder a estas reglas que se convirtieron en dispositivos de la buena convivencia. 

Hay una pregunta que como psicólogo teórico no puedo dejar de hacerme: ¿qué cambios cognitivos y de comportamiento se presentarían en los parroquianos y las parroquianas de hacer una integración de estos conocimientos? ¿Cómo afecta cierto tipo de información a los procesos de pensamientos de un individuo en lo referente a la devoción hacia un santo? La psicología ha demostrado que no pueden existir conductas observables sin procesos de pensamiento, y cuando hablamos de creencias, considero que lo psíquico tiene un mayor peso que los conductuales. De todos modos, no se puede soslayar la pregunta: ¿cómo actuar y pensar después de saber ciertas acciones negativas de una institución por que se guarda una actitud positiva? ¿Los creyentes de Juchitán, Oaxaca estarían interesados del conocimiento de la iglesia y del mismo San Vicente Ferrer, o hay intereses más fuertes que pueden hacer caso omiso de lo que se demuestra?

No estoy tratando de cuestionar las creencias de los feligreses, más bien intento hacer un trabajo de metacognición en el que creer en Dios es el motor principal para llevar a cabo acciones con el otro sujeto que interactúa con nosotros. ¿Estas organización cognitivas de dónde surgen? Posiblemente son heredadas por la costumbre o por el abolengo familiar, y así influyen sobre los patrones de comportamiento. Aquí encuentro una situación particular: se actúa con la “buena voluntad” en la organización cognitiva de la creencia, pero eso sí, cuidando las repercusiones económicas y el mantenimiento de cierto estatus ya identificado por la iglesia. Por eso sospecho que en Juchitán, Oaxaca la creencia hacia la existencia de Dios no es más fuerte que la relación cognitiva y comportamental con la iglesia y su santo patrón San Vicente Ferrer. Esto le da una vuelta completa al argumento de ser un feligrés, o simplemente un interesado por los beneficios sociales, cognitivos y comportamentales (lo que creo que me merezco por lo que hago).

El caso es que este fin de año no es igual a otros que he experimentado. Me siento comprometido con mis ideas que buscan argumentos constantes. Si he escrito esto es con la única intención de reflexionar, escribir y compartir con quien esté interesado en el necesario debate. Mientras tanto, los días siguen su curso, ahora es regresivo el conteo, y reconozco la emoción de las familias que hacen de estas fechas motivos de reunión y de integración familiar. Supongo que con eso es más que suficiente para sentarse alrededor de una mesa. Pues nosotros, los herejes, los ateos, los cansados necios de la existencia de Dios sólo podemos decirles que hoy no es Dios el tema, es la Iglesia que sí existe, ha existido durante muchos años y ostenta un gran poder.

Saludos y hasta siempre.



[1] Profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle de México campus Lomas Verdes.

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Comentario de Guillermo Pineda el noviembre 19, 2012 a las 8:41pm

Profesor Josué Dante Velázquez Aquino: Con todo respeto, permítame estar en total desacuerdo con sus conceptos y análisis sobre el libro de Fernando Vallejo. Antes que nada, me declaro creyente y católico practicante y conocedor de mi religión. He leido a ateos y críticos mejor documentados que Fernando Vallejo, como son: Federico Nietzsche (El Anticristo, Así habló Zaratustra) y Osho (Rebelión, Revolución y Religiosidad), así como a grandes teólogos como nuestro actual Pontífice Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) (Dios y el Mundo, Sal de la Tierra). Estudié Ingeniería Electrónica en la ESIME del IPN, y nunca he estado de acuerdo en las teorías absolutas, sino en las relativas. Tratar de generalizar, no es lo más conveniente. Es mucho mejor asumir la posición de Voltaire: "Podré estar en desacuerdo con su opinión, pero defenderé hasta la muerte su derecho de decirlo". No es justo atacar como lo hace Fernando Vallejo a la Iglesia Católica (y menos que Usted ataque como lo hace, a los fieles de mi querido Juchitán por su fe en Dios y en San Vicente Ferrer) y menos cuando se tiene el poder de una pluma o de un aula. Ignoro si Usted ha leido y meditado la Palabra de Dios, los 73 libros de la Biblia. Si lo hace, sabrá distinguir claramente entre Dios y algunos de sus representantes en la tierra y en la Iglesia, siempre habrá buenos y malos en los diferentes grupos sociales.

Saludos y abrazos,

 

Comentario de bernardo orozco el noviembre 20, 2012 a las 1:55am
Paisano.Si lo que tu quieres es laventar ampulas sobre caminos ya andado.Tienes poca vision y no conoces realmente a los individuos que vive en la Region del Itsmo,porque tenemos diferentes conceptos de DIOS porque DIOS es ENERGIA y va mas alla de que un Colombiano,un Frances,un Judio digan de DIOS es esto y este otro.Nosotros somos mas inteligentes que los propios cupula de la Iglesia,porque con nuestras Festividades reactivamos la Econmia de nuestra Region y al mismo tiempo convivos en armonia con nuestros demas hermanos de nuestro Pueblo o Ciudad...El acondicionamiento de Plavov dice; si tu repites varias veces un ejercio a una ratita y esta la capta despues de muchos ejercicios la acondicionas.Ahora nuestras costumbres se han venido repitiendo generacion tras generacion y ya son LEYES inquebrantables,que nadie rompera,solamente nosotros mismos lo podemos hacer si queremos de otra forma no creo que se pueda Paisano.Ahora con respecto a tu persona nadie tiene la culpa de tu pobre y miserable vidaen tuinfancia y ahora que ya tiene estudio quiere tratar de vengarte de la sociedad no es la de alli Paisano.Mientras mas grado de estudio tiene una persona mas humilde debe de mostrar a sus semejantes y tratar de dar respuestas congruentes para la solucion de los problemas.Pero entiendo tu carrera yo tambien lleve Psicologia en mis estudios.Pero yo no me quede enclaustrado en el afloramiento y la lucha de las catexias y las contra-catexias y la masa encefalica da para mas Paisano.
Comentario de Cynthia Hernández O. el noviembre 20, 2012 a las 10:14am

Mil disculpas, pero pareciera ser que es un escrito de cualquier otro menos el suyo, en casi todo el texto habla en 3ra persona, desde ahí empiezan las generalidades. pues bien! dijera Manuel Acuña,  Si vamos a “intentar hacer un trabajo de metacognición” solo me gustaría agregar algunas cosas: Fernando Vallejo, ¿ateo devoto de un santo? Hasta donde yo entiendo en un sentido estricto el ateísmo es la posición que sostiene la inexistencia de deidades pero San Martin de Porres, (al que es adepto este escritor) es una deidad al final de cuentas y perteneciente a la iglesia católica a la que tanto acusa de puta, arrastrada y no se cuanto más, eso sí es un arrebato irresponsable se da cuenta? es un insulto directo a los creyentes católicos, yo no lo soy, pero no debe uno ser ni siquiera letrado para saberlo. pero regresanto a San Martín de Porres, irónicamente es el mismo nombre que lleva su fundación de ayuda a animales al que Vallejo dona constantemente 70 mil dólares a perros de la calle, cuando hay mucha gente necesitada. al respecto él opina “Yo hago lo que me da la gana con mi plata” eso denota un afán de libertad increíble y muy respetable (de hecho Fernando Vallejo es un “aventurero homosexual” y yo no critico eso, usted si?) Yo contesto: entonces si ustedes ateos escudriñan y defienden lo que les es menester, yo hago lo mismo con mis creencias, mi fe, mi religión, y todo lo que yo elija, además me es necesario otorgar esos mismos derechos al otro, si quiere creer o no, quedarse en la ignorancia, conocer lo que cree o no, al fin y al cabo todo ello se resume en simples puntos de vista, casi todos los escritores desde la biblia, hasta cualquier literato, poeta, ensayista, dramaturgo, publicista, etc. contemporáneo han plasmado a partir de una necesidad ligado a la vivencia de una carencia, es mi necesidad creer o no, es mi necesidad criticar, alabar, quedarme callado, o respetar una o millones de ideas como menciona mi estimado Guillermo Pineda, pero desde mi humilde punto de vista es un error gravísimo hablar de temas subjetivos e imprimir generalidades.

Comentario de Jose Guillermo Mathus Morales el noviembre 20, 2012 a las 11:00am

Respetando el punto de vista de cada quien, solo me atreveria a solicitarte Josue, y solamente porque influyes en juventud, que fueras mas especifico en tus conceptos, por ejemplo, Iglesia, es congregacion de: edificio, poblacion, creencia, normas y preceptos. Al leer tu escrito, solo veo actuacion de individuos que si bien, estan relacionados con Dios, sus actuaciones solo tienen que ver con el uso indevido de la fe, pero no con la fe misma. El hecho de que un reconocido familiar, actue como un criminal, no me autoriza para denostar a toda la familia. No creer en Dios, es una derecho definido como respeto de culto y creencias, pero manejarla como un derecho para promulgar lo que ofende a terceros, es una verguenza en alguien que presume sus logros individuales en materia preparacion universitaria.

Comentario de angel jimenez el noviembre 22, 2012 a las 1:15am

El derecho a creer en un Dios o no, es propio de los seres humanos y el externarlo también. No estamos en la época de la Santa Inquisición. Josue Dante siempre se caracteriza por la polémica que despierta en todos los que leemos lo que escribe. Yo respeto todo lo que escribe y dice la gente en general, pero si creo en que es innecesario la persistencia en tratar de demostrar si es que existe o no un Dios. al final todos van a ir a parar al infierno (en latín foso,hoyo) y nadie se va a poner de acuerdo.  Hasta pronto.

Comentario de Tomás López Chiñas el noviembre 22, 2012 a las 4:21pm

Todos sabemos de las horribles atrocidades que los despiadados dirigentes y miembros de la iglesia católica cometieron en el pasado, incluyendo entre ellas el avaricioso apoyo a la esclavitud y masacre de los nativos de México a manos de los españoles y mas tarde a la brutal explotación de lo que quedaba de ellos por parte de los ricos hacendados porfiristas cuyos bisnietos imagino que todavía han de ir a misa todos los domingos porque ellos sí creen en la Iglesia Católica ya que heredaron las mejores tierras y recursos del país, por lo que cenan frecuentemente con obispos y cardenales, y ocupan actualmente los mejores puestos políticos en el putrefacto sistema político económico que impera en México. Eso ha hecho que una buena parte de la actual población mexicana desprecie todo lo que suene a religión, se considere atea, y apoye las ideologías marxistas que aterrizaron en México hace ya varias décadas y que consideran a Dios como un aliado de los poderosos. También a la falta de fe se debe en buena parte la enorme cantidad de decapitados y descuartizados que aparecen a cada rato en todo el país, cuyos sanguinarios ejecutores no creen ni le temen a un Dios amoroso pero riguroso, que promete una recompensa en la eternidad al que hace el bien y un castigo perpetuo al que obra mal, pero que ha sido sustituido en la mente de muchos por una desmedida ansia de riqueza, poder, placer, propiedades, y demás menesteres que puede comprar el dinero, obtenido como sea. Sin embargo, lo que las iglesias hayan hecho en el transcurso de la historia no le quita a Tata Dios, sin importar el nombre que se le asigne, el honor de darnos la vida a nosotros y a todos los seres vivos del universo, junto con todo lo necesario para mantenerla en marcha, independientemente de las muchas formas de religión que prevalezcan en el mundo. Al investigar sobre el universo externo, desde los más intricados detalles del interior de los seres vivos hasta las gigantescas galaxias de los hermosos cielos estrellados, el hombre en su infinitamente diminuta capacidad cognoscitiva, no se da cuenta de que, por mas que trate con su no pocas veces demasiado orgullosa ciencia, apoyada tan sólo en frágiles hipótesis que se derrumban como castillos de arena cuando descubre algo nuevo (para él) sobre aquello que ya está previamente creado por otro Ser, que lo que le proporciona la pequeña capacidad que tiene para decir que Dios solamente es un concepto y que todo lo que existe provino de la nada, es precisamente ese omnipresente Ser que desde algún lugar ha de sonreír con infinita comprensión y ternura hacia las incontables barbaridades que escribe y genera el cerebro de algunos de sus hijos. Nuestros paisanos “parroquianos y parroquianas” no necesitan ni les interesa saber de las horripilantes crueldades cometidas por otros. Su fe se basa en la misma necesidad espiritual que mueve al autor del artículo: una necesidad que a leguas se nota que en él no ha sido satisfecha todavía y, acuciada por un afanoso deseo de demostrar la posesión de un arrogante cúmulo de conocimientos filosóficos basado en lecturas de otros autores cuyas almas probablemente también se encuentran o estuvieron perdidas en la absoluta oscuridad que muchas veces envuelve a algunos seres que tuvieron una infancia infeliz, creen todo lo que leen, y se amargan la vida buscando culpables para su desdicha personal, busca a todas luces llamar la atención para regodearse al ver la supuestamente intensa polvareda que haya podido causar su gastada perorata “epistémica”. Todos tenemos el pleno derecho de expresar nuestras opiniones personales, pero es lamentable que personas con pensamientos tan prejuiciados estén a cargo de la preparación de las futuras generaciones del país, porque cada uno de nosotros debe ser libre de creer o no en la existencia de Dios, sin que medie para ello la persistente insistencia de un profesor que lo influya en tan personal decisión… pero en México todo es posible.  

Comentario de angel jimenez el noviembre 22, 2012 a las 5:00pm

DE ACUERDO TOMÁS, CADA QUIÉN DEBE SER LIBRE DE ESCOGER EN CREER O NO CREER EN UN DIOS. HASTA PRONTO.

Comentario de Josué Dante el noviembre 23, 2012 a las 9:38am

Uno sugiere una idea que envuelve un fenómeno dentro de la realidad social, y claro, cuando la cuestiona la problematiza, la altera, la mete en una tensión que es necesario resolver para volver a un supuesto equilibro. ¡Vaya!, lo que digo es que uno ofrece una posible respuesta en función de una hipótesis con sus variables. ¡Oca!, así que tengo una hipótesis: el discurso descriptivo altera las actitudes de los lectores (en el caso de lo escrito), contrario al discurso explicativo (en tanto modelo). Y éste tiene un sentido de aproximación del ser humano a su realidad: el primer acercamiento con el mundo, con ese otro, es netamente descriptivo, donde las modalidades sensoriales juagan un papel determinante. Y claro, no desprecio este ejercicio, pero advierto que deja de lado la necesaria inferencia intelectual. Es aquí donde hay un conflicto entre ustedes y un servidor.

Uno se vuelve responsable de lo que resulte en las refutaciones hacia lo manifestado, y no son de adversarios, al menos así lo trato de entender, son, digamos, oportunidades para el debate. Sin embargo no es fácil responder a críticas sin que guarden un orden de discurso. O sea, sin que se ubique en el mismo sentido en el que yo estoy manifestando mi opinión, de otra manera imposibilita el diálogo epistolar.

De pronto lo que escribo me parece un tema prohibido entre mis posibles lectores. Sí, estoy sobreinterpretando, sí, estoy haciendo un ejercicio de poder en tanto las palabras me lo permiten. Pero hay un discurso en mis esquelas que no sólo pretenden la descripción, que además lo hace, sino el necesario análisis en función de los datos primarios o secundarios a revisar. Y bueno, ¿qué tan peligroso puede ser el hecho de que yo diga cosas y que mi discurso prolifere, a la manera de Michel Foucault, de forma indefinida entre los recovecos mnémicos de mis paisanos? Soy psicólogo teórico y eso no me permite soslayar el hecho del movimiento emocional, cognitivo y de comportamiento que tienen mis lectores de la revisión propuesta. Es claro que me tiene sin cuidado. Y quizá ése sea el segundo problema: percibo –¿notan otra vez el poder?– que mi falta de anclaje a un esquema ideológico, religioso o cultural imposibilita la crítica a un esquema teórica en mí, porque creencia ¡jamás!, lo que deja como alternativa a mi persona en tanto sujeto, en tanto individuo, y las palabras que se leen, que es más que suficiente para hacer una crítica, claro, siempre y cando se sepa hacer un análisis de discurso.

El punto es este: hay una serie de pensadores que han hablado sobre el discurso, sobre el decir, sobre la palabra que representa la realidad. Y siendo un académico, o al menos pretendiendo serlo, no tengo más opción que recurrir al discurso y el análisis académico para poder comunicarnos. Por ejemplo, en los 70’s, Michel Foucault (1970: 14) –seguramente conocen su obra, o quizá hayan escuchado hablar de él y sobre lo que él hablaba– se preguntaba cómo se generaban los discursos y cómo éstos prevalecían entre los habitantes de un determinado espacio geopolítico, pero igual histórico. Nada trascendente hasta allí, aparentemente, sin embargo considera que “[…] la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tiene por función conjurar sus poderes y peligros […]”. A ver, qué puede significar estas palabras: lo que quieran o lo que resulte de un análisis minucioso. El mismo texto, o fragmento aislado (no necesariamente carente de valor, aun así la guarda), exige preguntarse quién genera los discurso, ¿acaso las instituciones (iglesia, estado, partido político?, y también sería interesante indagar ¿quién o quiénes son los posibles reclutadores del discurso?, ¿quién lo organiza, quién lo controla? Sólo después se puede realizar la pregunta obvia: ¿por qué el discurso puede ser un peligro?  

Suena un poco obvio decir que el productor del discurso tiene que ser el que la controle y la distribuya. Sin embargo no sucede así, comúnmente el que la ordena no la crea, no la produce. Uno manifiesta su interés intelectual, pero si éste afecta al otro, éste hace de las suyas para evidenciar que tal discurso no se puede manifestar, que puede dañar lo establecido. Hay alguien que absorbe el discurso y la distribuye completamente tendencioso a la búsqueda del silencio. Estos filtros son los mismo lectores, aun más los ofendidos que reinterpretan fragmentos aislados a partir de justificantes. Decir que Babilonia tenía una puta, o que la iglesia era la puta allá en Babilonia, o la puta de Babilonia, son formas de externar la misma idea. Así que cuando se leen estas palabras en frase, el lector supone una ofensa donde no existe tal, lo que existe es una apertura a lo resguardado mnémicamente.  

   Ahora bien, el psicoanálisis logró liberar lo oculto en el discurso manifiesto: no se manifiesta el deseo, se encubre en un objeto de deseo. ¿Existe un contenido latente en lo manifiesto de mi discurso? Sí, pero ¿por qué, entonces, considerar que mi discurso guarda un latente “en contra de Dios” cuando aparentemente es lo manifiesto? Se daría razón a lo oculto en mi discurso para golpear una estructura cognitiva –cognitiva pero no espiritual, ese es un tema completamente diferente–, pero el orden del discurso no va hacia la fe, más bien a la vulgaridad del dato, a la evidencia. Si me introdujera al ejercicio interpretativo, de inmediato preguntaría por qué altera tanto golpear al padre, al dios, al buscador de huérfanos. Pero si hago esto, se justificaría la hipótesis de mi infancia aburría y “miserable” y lo que se me pueda pronosticar a partir de allí. El punto es el poder que obtiene el discurso. El autor, el escribidor, éste que pinta no puede conversar con su lector, él se pierde después de publicarla. Al menos eso se creía hace algunas décadas, en cambio hoy los trasatlánticos viajan en tiempo real y basta un [clic] para ofrecer aclaraciones.

No culpo a mis lectores de las interpretaciones que hacen de mi texto, sólo reclamo la falta de revisión del texto en sí mismo, de lo inteligible de lo impreso (así decían antes), alejado del autor reconocido con proximidad digital. Según mi análisis y mi estudio sobre lo refutado (en algunas abundan nimios comentarios que no guarda unidades que puedan ser estudiadas), puedo concluir que el hay una búsqueda del control del discurso –el problema es que se trata de mi discurso–, y tras ese control un deseo de poder –en el sentido foucaultiano de la palabra.

Si bien todo lo anterior puede ser considerado como personalizado o como guisa de defensa –no es que lo merezca, sino que la humilde página lo permite y nadie me lo impide: y así mi réplica no puede ser común, así los obligo a que se ubiquen en mi orden de discurso–, entonces puedo decirles que cuando se hacen revisiones se busca, como en la literatura occidental, lo natural, lo que puede resultar verosímil, significa que ustedes quieren un discurso sobre lo verdadero –otra vez a la vista de Foucault–. Si es así, ¿entonces los datos utilizados por Vallejo no pueden ser considerados evidencias empíricas, o por lo menos fuentes primarias ofrecidas a los historiadores por el propio Vaticano (léase Juan Pablo II)?

Finalmente, sé que las opiniones la merecemos cada uno de los que puedan opinar. Pero sólo eso, sí, desafortunadamente sólo eso. Sus opiniones, salvo chispas interesantes pero aun así descriptivas, no me ofrecen oportunidad de refutación, de aclaración. No veo por dónde acudir a un remanso para detenerme antes de seguir con mis estudios teóricos. Y si volví a subir algo a esta decorosa página fue porque supuse que ustedes querrían un punto de vista crítico, o por lo menos diferente al regionalismo y a ciertos abales de santos que yo mismo no termino de conocer (como unidades teóricas-cognitivas, advierto). Las observaciones fueron hechas hacia mi persona, incluso ciertos mensajes a mi familia (amenazas). Imagínense, alguien me sugirió que pidiera perdón a un dios, otro más que si no temía irme al infierno. Bueno, qué puedo decir al respecto. Demando mayor atención u omisión a lo que para unos puede resultar ininteligible.

Paisano, y lo digo con orgullo (poco creíble mis palabras tal vez), mi tema no es Dios en este caso, mi tema fue la Iglesia, mejor dicho: su poder como ordenadora del discurso espiritual, económico y político). No se trata de ustedes, pues si yo fuera un provocador, como sus palabras me concibe, sería a la iglesia, al sacerdote al que estaría provocando, pero jamás a ustedes. De hecho, supongo que la iglesia no tiene qué defenderse, o refutarme, obtiene a través de su discurso quién la defienda a capa y espada.

Gracias.       

 

 

Peroración:

Señor Guillermo Pineda, usted puede estar en desacuerdo conmigo. Nada qué discutir al respecto. Quizá sólo pueda hacerle la anotación de que F.N. y otros más no fueron ateos, eran filólogos y filósofos y sus ejercicios estaban directamente relacionados con la exégesis (interpretación de los libros sagrados), así que ateos propiamente no eran, no hablaban de Dios inexistente, más bien sobre lo escrito a partir de una voz vertida desde la boca de Dios inexistente. Pero vaya, podríamos discutirlo en nuevas oportunidades.

Por otro lado, yo no estoy generalizando, estoy hablado directamente del feligrés (que implica una serie de rituales con la iglesia) de Juchitán, Oaxaca. De donde soy y en la que he estado investigando los últimos años. Y no es que tenga el poder de la pluma, sólo que me he enseñado a escribir y a razonar desde mis estudios, así que no puedo evitarlo. Y a mis estudiantes les comparto lo que pienso porque ellos son mis primeros críticos. Usted me habla de justicia, lo siento, no es un tema al que yo quiera agregarme, sé poco sobre eso, sin embargo no creo ser injusto por criticar a algo que usted aprecia. De ser así, tendría que quedarme callado para no ser injusto con otros sujetos.

Y finalmente, sí distingo entre el ente Dios y la Iglesia. Hable de la Iglesia, es más: del Poder del discurso de la Iglesia, ni siquiera de ellos. El papa era quien decía: ¡A la hoguera!, pero jamás encendía el leño seco.

Señor Bernardo Orozco. No entiendo la frase con la que abre su reclamo, sin embargo sí puedo comprender cuando me dice que cada quien tiene un concepto de Dios. Pero de allí que Dios sea Energía, bueno, tendría qué describirme qué clase de energía, o preguntarle al señor Pineda que ha trabajo con el concepto de energía. Lo siento, conozco otra semántica de la palabra, y no sería energía con lo que asociara a Dios.

Pero en algo sí tiene razón, que con sus celebraciones reactivan la economía de la ciudad. Es verdad, aunque en una distribución estadística hay dificultades en la recuperación a principios del siguiente año. No lo digo para ponerlo en guardia, pero la economía no se refleja en el mercado local, sino en el mercado como concepto capitalista (trasnacionales y nacionales). Y bueno, creo que haría falta una revisión de los conceptos básicos pavlovianos. Creo que yo no he ofendido a su padre, mucho menos a su historia de vida, sin embargo entiendo por qué interpreta que mi infancia fue miserable y que mis padres tuvieron que ver. Quizá sí, quizá no. Quién lo sabrá. El caso es que mi nivel económico no es bajo, más bien son producto de la aristocracia, mis estudios no son bajos, y mi uso de la palabra no es deficiente. No sé cómo leer lo de humildad en los altos estudios. ¡Oca!, no soy humilde.

 Cynthia Hernández O. Soy misógino: no me interesa comentarte nada.    

Señor Guillermo Morales. Lo saludo y le puedo decir que tengo mucho cuidado con los constructos que uso. Pero eso no lo puedo aclarar ahora mismo.

Señor Ángel Jiménez, a usted que le puedo decir. Que mis escritos causen polémica justifica mi existencia, y no mi muerte como un tal Mario sugirió por mensaje. El mes pasado en tierra santa alguien me dijo: hablar de dios en occidente es hablar de toreros en Alemania. ¿Qué opina?

Y así a todos. Lamento que sus objeciones sean hacia mi persona. Lamentablemente no puedo sugerir más que omitan mis lecturas. O bien, sugiéranme que me retire del blog y de inmediato lo hago. Ya lo había hecho, sugerencia me hicieron volver, sugerencias me harán partir de nuevo.

Comentario de Josué Dante el noviembre 23, 2012 a las 9:49am

El profesor de Física Teórica Antonio Miranda. ÉL sugiere que la verdad absoluta no se conseguirá "incluso con los modelos descriptivos de la física". Yo creo que tiene razón, pero ¿cómo compartirlo más que como parangón?

Comentario de angel jimenez el noviembre 25, 2012 a las 9:16pm

BIEN JOSUE DANTE, TU NOMBRE VA A DOC (EL MEJOR NOMBRE DEBERÍA HABER SIDO SAN JUCHO JAJAJAJA, CON TODO RESPETO), ME GUSTA LO QUE ESCRIBES Y LO RESPETO. HASTA PRONTO. SOY BREVE, CONCISO Y PRECISO, PORQUE NO ME GUSTA HABLAR DE DIOS NI E PRO NI EN CONTRA Y NO PORQUE ME FALTE VALOR, SOLO QUE POR EXPERIENCIA  SE QUE NADIE SE PONE DE ACUERDO Y RESULTA UNA PERDIDA DE TIEMPO DE UNOS CONTRA OTROS QUERIENDO CONVENCER CADA UNO DE QUE TIENEN LA RAZÓN. HASTA PRONTO.

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Publicado por Jose Guillermo Mathus Morales el marzo 8, 2014 a las 10:48am 21 Comentarios

Señora de los años

Publicado por Jose Guillermo Mathus Morales el febrero 18, 2014 a las 1:13pm 2 Comentarios

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